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Despedida

Despacho con urna y foto de Ana

Despacho de Juan en su domicilio de Donostia con una foto tomada por Ana y la urna

Texto escrito y recitado por Mireia

Sembrando semillas de paz
En todos los rincones de este mundo
Reivindicando siempre
Belleza y justicia
Convirtiendo las heridas duras de la Memoria
En caminos de vida
Mostrándonos a las demás
La Grandeza de los humanos

Has amado la naturaleza
La Vida, la dignidad
El mar y el viento
Han sido tus amigos
La luz, la libertad
La conversación amistosa
La red de ternura
Nosotros seguiremos tejiendo
Con lo que nos has enseñado
Mireiak idatzi eta errezitatutako testua

Mundu hontako bazter guztitan
Bake aziak ereiten
Edertasuna ta justizia
Betiro aldarrikatzen
Memoriaren sauri gogorrak
Bizi bide bilakatzen
Gizakiaren Haunditasuna
Besteori erakusten

Natura maitatu izan duzu
Bizitza, duintasuna
Itsaso eta haizea lagunak
Argia ta askatasuna
Adiskide hurbilon solasa
Goxotasun amarauna
Guk jarraituko dugu iruten
Irakatsi diguzuna

Mireia Uranga


Texto elaborado por Guillermo

Nada hay que se oponga más a la naturaleza inquieta y en perpetuo movimiento de Juan que la muerte. Solamente ese acto de violencia inapelable ha podido detener la ruta de Juan. Pero él, a buen seguro, habría expresado su desacuerdo con una sonrisa
socarrona ante una afirmación tan definitiva. Alguna razón que los demás no hemos advertido, salvo él mismo, tendría la muerte para actuar de esta forma.

Juan fue de veras testigo del siglo XX y del primer tercio del XXI. Si en otros casos esta expresión podría resultar grandilocuente y fuera de lugar, no puede ser más adecuada para nuestro amigo. En sus ojos de niño -Juan nunca dejó de tener unos ojos pequeños,
infantiles y divertidos incluso en su edad adulta- se quedaron grabados los bombardeos fascistas sobre el Santander obrero que él presenció cuando tenía 4 años. La sinrazón de la violencia contra la población civil inerme tal vez ha sido la brújula de la ruta vital de Juan, ¿qué pensáis vosotras? Gernika, Dresde, Hamburgo, Nueva York, Madrid y por último Gaza, son hitos ineludibles en el mapa de Juan. Él mismo, que era un filósofo medio alemán, al igual que Walter Benjamin, entendió el espanto que experimentó el ángel nuevo de Paul Klee, pero a diferencia de éste, Juan no se dejó arrastrar por empuje del progreso, mantuvo la mirada sobre las ruinas de los lugares citados y allí en lugar de hormigas, como dijo Luis Iriondo que veían los aviadores nazis de la Legión Cóndor que masacraron a los habitantes de Gernika, observó a personas que sufrían, y se acercó a ellas.

Cuando le conocí ya habíamos dejado atrás el siglo XX, y él ya andaba a pasos cortitos, pero muy decididos, detrás de las hebras de paz viva. La paz de verdad, no ese “desierto” que los poderosos llaman “paz” según Tácito. Nos convenció a unos cuantos de
que merecía la pena encontrar estas “hebras” luminosas en medio de la oscuridad. En el año 1984 Juan editó una revista o fanzine en la que se hizo eco de conferencias antimilitaristas y contra el rearme atlantista, traduciéndolas y difundiéndolas, se titulaba “Beti Haundi (o Handi)”, el nombre de un enorme cefalópodo del Cantábrico. Ahora que somos conscientes de la extraña y maravillosa inteligencia de estos animales submarinos alcanzamos a comprender mejor a Juan.

El pasado miércoles se sumergió junto a los de su especie, los calamares gigantes, rumbo a lo desconocido, a las profundidades del mar, en su último viaje. A nosotros/as nos queda seguir en ruta… hacia la paz viva.

Guillermo García Domingo

(Imagen: Dibujo de Juan por Edmond Baudoin)


Publicación de Amador


El escrito que hemos recibido de Nora

Me invadió una profunda tristeza al recibir la noticia de que Juan ha fallecido. El dolor es profundo, estoy muy afectada. Todos mis amigos lloran conmigo por Juan Gutiérrez.

Durante casi 30 años estuvimos conectados con Juan de una manera especial. Nos enseñó a hacer oír la voz de la paz y cómo pueden enlazarse los hilos de la paz. La reconciliación se puede vivir.

30 años, eso es casi un tercio de mi vida. Esta etapa de mi vida estuvo plena de contenido para mí y llena de encuentros con personas pacíficas de todo el mundo. Aprendí mucho. Esto me hizo sentir segura de mí misma en diferentes aspectos, como hablar en público, especialmente en las escuelas, donde pude transmitir mis conocimientos, mi experiencia en el trabajo por la paz. No habría querido perderme estos años. Estoy muy agradecida de que Juan Gutiérrez viniera al encuentro de nosotros, los supervivientes de Dresde y al hacerlo me inspiró a buscar a los supervivientes de Wielun y contactar con ellos.

Hoy recuerdo especialmente todos nuestros encuentros con Juan, cuando él vino a Dresde por primera vez o cuando yo fui a Gernika. La Palabra «reconciliación» recibió gracias a él y estos encuentros un contenido concreto. Miro las fotos del último encuentro; son la prueba – sí, todo ocurrió. Son de marzo de 2022 en Donostia con Juan. Y luego leí su mensaje del 14 de febrero de 2026, cuando ya estaba muy enfermo, pero sus sentidos estaban bien despiertos. Me pidió que le contara cómo estábamos conmemorando el 81º aniversario de la destrucción de Dresde. 

Juan Gutiérrez permanecerá en mi memoria hasta el final y mientras tenga fuerza intentaré imitarle, aunque sea con pequeños hilos de paz.

Nora Lang – Memorare Pacem

Dresde, 19 de julio de 2026

* Nora Lang cumplirá en agosto los 95 años. Con tan solo 14 años sufrió en Dresde los bombardeos aliados de febrero. Con otros supervivientes y bajo la inspiración de Juan formaron un grupo bajo los ideales de la paz, la justicia y la reconciliación.

Das Dokument, das wir von Nora erhalten haben

Tiefe Trauer erfasste mich, als ich die Nachricht erhielt „Juan ist verstorben“. Der Schmerz sitzt tief, ich bin sehr niedergeschlagen. All meine Freunde trauern mit mir um Juan Gutierrez.

Fast 30 Jahre waren wir auf besondere Art und Weise mit Juan verbunden. Er hat uns gelehrt, wie die Stimme des Friedens hörbar wird und weiter getragen werden kann, wie sich Friedensfäden verknüpfen lassen, wie konkret Versöhnung gelebt werden kann.

30 Jahre das sind für mich fast ein Drittel meines Lebens. Dieser Lebensabschnitt war für mich inhaltsvoll und reich an Begegnungen mit friedliebenden Menschen aus aller Welt. Ich lernte sehr viel. Das machte mich selbstbewusst bei unterschiedlichen Auftritten in der Öffentlichkeit. Besonders in den Schulen konnte ich mein Wissen,  die Erfahrungen in der Friedensarbeit weitergeben. Diese Jahre möchte ich nicht missen. Ich bin so dankbar, dass Juan Gutierrez uns Überlebende von Dresden suchte und fand. Dadurch hat er mich inspiriert, die Überlebenden von Wielun zu suchen und Kontakt zu ihnen aufzunehmen.

Heute erinnere ich mich besonders an all unsere Begegnungen mit Juan, als er das erste Mal nach Dresden kam und ich das erste Mal nach Gernika fuhr. Das Wort Versöhnung bekam konkreten Inhalt. Ich schaue mir die Fotos der letzten Begegnung an, die Beweise – ja, das hat alles stattgefunden. Im März 2022 in Donostia mit Juan auf einem Bild. Und dann lese ich seine Nachricht vom 14.02.26, als er schon sehr krank war, aber seine Sinne hell wach. Er bat mich, ihm doch zu erzählen, wie wir den 80. Jahrestag der Zerstörung Dresdens begangen haben. 

Juan Gutierrez wird mir bis zuletzt in besonderer Erinnerung bleiben und solange meine Kräfte Kräfte reichen, werde ich versuchen ihm nachzueifern, auch mit kleinen Friedensfäden.

Nora Lang  – Memorare Pacem

Dresden, den 19. Juli 2026


Este recuerdo nos ha llegado de Andrea

I was so sorry to hear the news of Juan’s passing.  Thank you for letting me know.  I can only imagine how deeply the peace community in Spain will miss him, his passion and energy for trying to make this a better world.

I certainly well remember his dedication to our attempt at creating an International Network for Peace.  I am still in touch with many of the folks we met in 2006 at the Civilian Casualties, Civilian Solutions conference where the idea for the INP was born.  

I also remember with gratitude the conference in Bilbao to which Juan brought members of Combatants for Peace and me together in the wake of the Basque casefire and peace talks.  

Please, give my condolences to Juan’s family and all our friends in Spain who walked the path toward peace and nonviolence with Juan.

In peace,

Andrea LeBlanc

Septemer 11th Families for Peaceful Tomorrows


Santi amablemente nos ha facilitado el texto que publicó en el Diario vasco el 25 de julio y en su web personal

En Malas compañías (Galaxia Guteberg, 2022) la filósofa Marina Garcés afirma que la guerra es un estado del mundo. Más allá de campos de batalla específicos, hoy implica al planeta entero en una lógica de movilización que nos afecta a todas las personas. Cada vez estamos más preocupados por la incertidumbre de los mercados energéticos y las cadenas de suministros; la competencia geopolítica por el dominio de los territorios; la rivalidad en la extracción de los recursos necesarios para el desarrollo de las tecnologías y, en consecuencia, el control de la información; los movimientos migratorios; los efectos del cambio climático; las políticas de seguridad y militarización del mundo.

Es evidente que los lugares de contiendas, en apariencia lejanos, no son ajenos a nuestras vidas. Al contrario, su persistencia en Gaza y Líbano o en Irán y los países del Golfo Pérsico en el estrecho de Ormuz o en el África subsahariana nos exige una reflexión ética y política sobre nuestra propia responsabilidad activa en la defensa de una paz internacional justa. Sobre todo, en las medidas que se deberían tomar para reducir las desigualdades en el mundo.

Hace unos días falleció Juan Gutiérrez, una de esas muchas existencias activistas para las que pensar la violencia y la guerra supone también pensar las potencias de reconciliación y el encuentro entre diferentes. Desde que en los años sesenta participó en los movimientos contra la guerra de Vietnam, su vida fue un largo camino que compartió siempre con Frauke Schulz-Utermöhl. En el año 2023 publicó La Paz vivaRutas y derroteros 1985-2022 (Postmetrópolis, 2023), recopilación significativa de sus textos, donde el concepto de «paz viva» aparece como hilo conductor. «Paz viva» -decía- que, en lugar de subrayar el horror de las guerras o los antagonismos violentos, siempre trata de encontrar los actos de solidaridad y cuidado que, aún siendo pequeños, permiten no dejarnos atrapar en las lógicas de confrontación con el enemigo. Ese tejido de «hebras de paz viva» de apoyo mutuo, muchas veces invisible, que nos puede ayudar a sostener y reconstruir las relaciones humanas desgarradas por la violencia. Una paz viva -añadía- que además de estar formada por ese tejido de engarces, tiene un magnetismo propio que hace que nos sintamos llamados a respetarnos unos a otros al reconocernos como humanos.

Consecuente con en esa labor, Gutiérrez fue también el principal impulsor y primer director de la Fundación Gernika Gogoratuz, el Centro de Investigación por la Paz que, para impulsar la memoria histórica y la cultura de paz, se abrió al público en 1987, rememorando el bombardeo de Gernika, perpetrado durante la Guerra Civil por la Legión Cóndor alemana y la aviación fascista italiana.

Algo más de una década después, a principios de este siglo, lo conocí personalmente siendo director de Arteleku -centro de arte y cultura contemporánea de Donostia/San Sebastián- cuando en algunas actividades comenzamos a hacernos eco de los movimientos antiglobalización o altermundistas que por entonces habían aparecido con inusitada fuerza política en el contexto internacional.

Gracias a nuestro común amigo Amador Fernández-Savater, también seguí muy de cerca su trabajo como mediador de paz en la «Asociación 11M-Afectados por el terrorismo» que se constituyó en el año 2004, tras el atentado que los yihadistas perpetraron en varios trenes de cercanías de Madrid, donde fallecieron ciento noventa y dos personas y hubo miles de heridos. Colaboró también en la redacción Red ciudadana tras el 11-M. Cuando el sufrimiento no impide pensar (Acuarela, 2008) libro colectivo que analiza las respuestas sociales que aparecieron después del 11-M, prestando especial atención a las redes ciudadanas, las formas de apoyo mutuo y los espacios de deliberación pública. En cierto modo, su título resume una de las ideas centrales del proyecto Hebras de paz viva: el sufrimiento no tiene porqué conducir a la pasividad, puede dar lugar a iniciativas de memoria, solidaridad y compromiso cívico. Así, el libro aporta una visión desde lo colectivo informal sobre cómo personas directamente afectadas por los atentados se embarcaron en un proceso, activo y crítico, de recuperación de su autonomía. Y cuenta, en primera persona, cómo esta experiencia conecta con un sinfín de problemas contemporáneos, existenciales y políticos que siguen hablando al presente, a pesar de que el 11-M no sea ya titular en las portadas.

Fue precisamente a partir de 2008, en el proceso de redacción del documento para la candidatura de Donostia/San Sebastián a Capital Europea de la Cultura 2016, cuando entablamos una mayor relación afectiva y de reconocimiento profesional. El programa presentado al Consejo y al Parlamento de Europa, que resultó elegido en 2011, se denominó Olas de energía ciudadana. Cultura para la convivencia. Algunos de sus objetivos y propuestas programáticas bebían de las ideas sobre reconciliación del proyecto Hebras de paz viva que ya entonces Juan Gutiérrez y una extensa red de cómplices habían comenzado a expandir por muchos lugares del mundo. En Alemania, con casos ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial; en Serbia y Crocia, durante la Guerra de los Balcanes; en los conflictos de Guatemala o Colombia en Latinoamérica, por citar algunos.

Unos años después, en el desaparecido Medialab Prado, entonces dirigido por Marcos García, el proyecto fue parte fundamental del programa Memoria y procomún. Durante una década, entre 2011 y 2021, en aquel laboratorio se estudiaron y pusieron en valor numerosas “hebras de paz o semillas de reconciliación”, es decir sucesos de paz dentro de los conflictos bélicos o encuentros entre diferentes recogidos de historias personales ocurridas en la guerra civil española.

Aunque no podamos evitar pensar que la violencia es una expresión del mundo, no hay que olvidar que la vida es la potencia que nos abre al reconocimiento mutuo y a la conciliación. Las hebras de paz viva que la biografía de Juan Gutierrez nos ha donado a lo largo de todos estos años nos permiten, tanto desde las alianzas que nos unen, como desde los problemas que nos confrontan, sentir, reconocer y pensar las resonancias del sufrimiento en sus distintas formas, más allá de las figuras binarias del amigo o el enemigo. Estas notas que escribo desde la emoción, mientras escucho las cuatro últimas canciones que Richard Strauss compuso antes de morir, son una forma de despedida afectuosa que dedico a su memoria.

Santiago Eraso Beloki

https://santieraso.com



María Luisa ha publicado en su perfil de la red Linkedin este emotivo recuerdo

Le conocí cuando tenía 17 años, en mi primer curso en la Universidad de Deusto. Fue mi profesor de Resolución de Conflictos y Paz. Entonces no podía imaginar que aquellas clases influirían profundamente en mi manera de entender el mundo y serían el comienzo de una amistad que ha durado hasta hoy.

Juan Gutierrez fue ingeniero, filósofo, investigador y mediador. Dirigió Gernika Gogoratuz y dedicó su vida a la construcción de la paz, buscando y haciendo visibles esas pequeñas acciones humanas que él llamaba «hebras de paz viva». Pero, para mí, Juan fue mucho más que su extraordinaria trayectoria. Fue alguien con quien podías pasar mucho tiempo sin verte y retomar la conversación como si no hubiera transcurrido un solo día. También alguien con quien resultaba posible encontrarse en los lugares y situaciones más inesperados. Siempre me recordaba, divertido, aquel encuentro casual en Santo Domingo. Yo aparecí vestida de campo y con una enorme lechuga repollera que me habían regalado unos jóvenes de un proyecto de microcréditos que acababa de visitar. No sé qué resultaba más improbable: encontrarnos allí o que yo compareciera acompañada de semejante lechuga. Para Juan, aquella escena quedó convertida en una de esas pequeñas historias que merecían ser conservadas y vueltas a contar.

También tuve, sin saberlo entonces, una pequeña participación lateral en la historia que años después daría lugar a «Mudar la piel». Yo estaba en aquel congreso internacional de paz, completamente ajena a la compleja historia de amistad, mediación, lealtad y traición que se desarrollaba alrededor de Juan y que su hija Ana Schulz y Cristóbal Fernández convertirían después en documental.

Gracias a Juan conocí, además, a personas que se convirtieron en grandes amigos y que siguen formando parte de mi vida: Hernando Llano, Pedro Valenzuela y Juan Ibeas Miguel. Esa fue también una de sus formas de construir paz: conectar personas, crear vínculos y propiciar amistades capaces de sobrevivir a los años y las distancias.

Me resulta muy difícil despedirme de alguien a quien conocí al comienzo de mi vida adulta y que ha permanecido, de una manera u otra, a lo largo de toda ella. Gracias, Juan, por enseñarme que la paz no es una idea abstracta ni la mera ausencia de violencia. Se construye en las conversaciones, en los vínculos y en cada pequeño gesto que se niega a deshumanizar al otro. Gracias por las clases, la amistad, los encuentros improbables, los amigos compartidos y, por supuesto, por no olvidar nunca aquella enorme lechuga de Santo Domingo.

Como dice la despedida de tu familia, has partido y sigues tu ruta. Todo mi cariño para Frauke, Ana y toda la familia.

Hasta siempre, querido Juan.

María Luisa Clavera Maestre

https://es.linkedin.com/posts/miwiclaveramaestre_ha-fallecido-juan-guti%C3%A9rrez-maestro-de-paz-activity-7483509014174253056-xvwZ?utm_source=li_share&utm_content=feedcontent&utm_medium=g_dt_web&utm_campaign=copy


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