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Apuntes para aclarar cuatro cosas: la no-violencia, la paz, la reconciliación y el enemigo

A) La no-violencia frente a las violencias

Si la no-violencia es no ser en nada violento, para entenderla hay que empezar por explicar las formas que tiene la misma violencia. 

En los estudios por la paz actualmente hay un amplio acuerdo en distinguir tres tipos de violencia estrechamente conectados entre sí.

1.- La “violencia directa” que es la más evidente, que consiste en hacer algo que daña a otros, como un atentado terrorista, un asesinato, un bombardeo, una violación. En la violencia directa se distinguen bien el malhechor o victimario y la víctima.

2.- La “violencia estructural” que consiste en mantener estructuras de desigualdad que privilegian a unos, mientras dañan a otros, como en la Alemania Nazi, Sudáfrica con el Apartheid o también en países democráticos. En la violencia estructural muchas veces es imposible distinguir y personalizar al agresor.

3.- La “violencia cultural” que está en las afirmaciones, comentarios, gestos, símbolos que enaltecen a unos, pero muestran desprecio, humillan, empequeñecen, criminalizan, ignoran a otros. El racismo, el machismo, muchos nacionalismos, tienen fuertes cargas de violencia cultural, aunque también generan violencia estructural y descargan violencia directa.

Si miramos a nuestra sociedad, pronto nos damos cuenta de las fuertes cargas de violencia de los tres tipos hay en cualquier lugar de ella y de que también nos atraviesa a los que vivimos en ella. 

Normalmente el que se declara no violento escoge en cierta medida el tipo de violencia que según él no le afecta, y generalmente es la violencia directa. Pero declararse no violento es mucho decir. Incluso a Ghandi, se le reprocha haber sido culturalmente violento al aceptar el título de “alma grande”, “matahama” con lo que empequeñecía a cualquier otra alma. 

Por eso la noviolencia no consiste simplemente en NOes a las violencias de todo tipo. Además de rechazar la violencia hacia cualquier otro ser humano, la noviolencia es un acercamiento a los demás seres humanos, es un SÍ. Creo que eso es lo que Jesús Abril llama “actos positivos”.

Creo que nuestra aportación especial a la no-violencia además del rechazo a las violencias, empezando por las directas, y en el empeño por superarlas, está en la red cálida de apoyo, escucha, abrazo y recuerdo compartido abierta a todo lo humano que tratamos de formar.

Asamblea asociación afectados terrorismo 11M

De izquierda a derecha, Beatriz Abril, Jesús Abril, Juan Gutiérrez y Maribel Alegre, en una de las primeras asambleas de la asociación 11M de afectados del terrorismo

B) Paz de vida = Paz positiva

La “paz de vida” coincide con lo que en la teoría desde hace ya 40 años se denomina “paz positiva” en contraste con la “paz negativa”, definida como “no a la guerra, al terror y a otras violencias”.  No se refiere esta paz de vida a la guerra, al terror o a otra violencia contraponiéndose a sus distintas manifestaciones, sino que se refiere a la vida, en la medida en que no se orienta con estrechez individualmente hacia uno mismo, sino que es la vida compartida, abierta a lo humano’ que da apoyo a otras vidas y a su vez se apoya en ellas.  La “paz de vida” va más allá que la “paz negativa” y además le da sentido al juntar el “NO a todo tipo de violencia” son el “SI a la vida”.

La paz positiva y la paz negativa se necesitan mutuamente.

Hay paz de vida si hay un tejido que conjunta las vidas, haciendo que una se apoye en otra, que se apiñen y apañen para sobrevivir, abrirse camino y encontrar sentido en la vida, si hay estructuras que le den sostén y culturas que lo alienten. En ese sentido la paz positiva no va ligada a la guerra y la violencia, sino a la vida.

Incluso puede haber en algún caso una fuerte carga de violencia o hasta guerra amenazando las vidas y la ligazón entre vidas, y al mismo tiempo ternura, apoyo mutuo, vida compartida es decir paz de vida entre la gente.

Como la paz negativa es el “NO a las violencias”, cuanta menos violencia hay, más paz negativa tenemos e igual al revés: cuanta más violencia hay, menos paz negativa tenemos. Sin embargo, no es así con la otra cara de la paz “paz de vida”. Esa paz de vida no crece en la medida en que las violencias disminuyen, no viene después de ellas, llenando simplemente el hueco que dejan. Está ya debajo de las violencias, puede que maltrecha pero presente.

La paz de vida es la humanidad compartida y abierta hacia todo lo humano entre los miembros de una sociedad en sus familias, vecindades, amistades, comunidades y relaciones con extraños.  No es una paz posterior a la guerra y la violencia, sino que está ya debajo de ellas y de su amenaza.  No es encogida y medrosa, sino abierta, emprendedora, que se aventura y adentra hasta llegar al meollo de las dinámicas de guerra y del terror buscando lo humano en los seres humanos que están involucrados en ellas, hechos instrumentos de guerra y terror Enlaza con su naturaleza humana al tiempo que rechaza las consecuencias de tales dinámicas de guerra. Su fuerza se crece al mostrar y hacer valer lo humano.

Juan con Jesús Abril, vicepresidente de la asociación 11M de afectados del terrorismo, y otros dos miembros, en el bosque del recuerdo del parque del Retiro de Madrid

C) Reconciliación

La reconciliación es engarzar de nuevo relaciones rotas, aceptar la existencia y presencia de otros, quienes incluso han roto nuestras vidas.

Puede haber reconciliaciones bien distintas, por ejemplo, entre naciones o pueblos o entre personas.

Pero la reconciliación entre naciones o instituciones es incompleta y hueca si no tiene como cimientos la reconciliación entre las personas más afectadas por la violencia y quienes la causaron, lo que requiere cambios profundos 

Muchas veces la reconciliación se queda en gestos y cierra heridas en falso, sin sanarlas.

A veces los que han causado daños, roto vidas, tratan de forzar la reconciliación no porque la quieran de verdad, sino para conseguir la impunidad y que sus crímenes no salgan a la luz.

La reconciliación debe:

  • Asegurar que no vuelvan a suceder los daños que dejaron rotas las relaciones.
  • Ser ancha, como un arco que busca abrazar a todo lo humano y descartar todo lo inhumano, empieza por lo más cercano y querido y relega todo lo que se aferra a lo inhumano, en especial al que rompió vidas ejerciendo la violencia. El encuentro de reconciliación con él estaría muy al final de ese arco, y sólo puede darse si ha llegado a reconocer en toda su dimensión, deplorar y reparar en lo posible el daño que causó su violencia.
  • Ser cosa de dos que se muevan al encuentro desechando lo inhumano que les separó. Tiene que saber esperar hasta que ambos lados la quieran, la pidan, la ofrezcan y la acepten.
  • Ser profundamente libre y en nada forzada.
  • Reconocer y mostrar la verdad tanto de los hechos que rompieron las relaciones, como de los que mueven a restablecerlas.

Hay mucho que aprender de distintos procesos de reconciliación, por ejemplo, del que promueve el Círculo de Padres de Israel-Palestina en su empeño por reconciliar israelíes y palestinos. Otro ejemplo ha sido la Comisión de la Verdad y Reconciliación ante todo en África del Sur, pero también en Guatemala y varios otros países. Otro tanto podemos aprender del rechazo de afectados a ciertos procesos que pretenden ser de reconciliación, como hacen las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina. 

Reconciliación: horizonte y semilla

Generalmente se piensa que la reconciliación viene después de la solución de un conflicto cargado de violencia dañina, que es algo post-conflicto “el rabo por desollar”. Cuando ya se da por solucionado lo que es el contenido del conflicto y como capítulo final se trata de generar la reconciliación para curar las heridas causadas y superar los resentimientos.

Sin embargo, la reconciliación es más que eso. No es sólo un capítulo final, sino que forma un eje que atraviesa todas las fases del conflicto marcando ya una orientación, aunque se realice plenamente sólo en su final.  De formas distintas está en el pasado, en el presente y en el futuro. En el futuro el horizonte de reconciliación marca el rumbo. Pero el futuro necesita recuerdo y en ese recuerdo hay que recoger semillas de reconciliación que quedaron sembradas en el pasado.

Tomando las manos como metáfora, la reconciliación se realiza al darse la mano en amistad quienes se han dañado con esas mismas manos. Eso suele estar lejos en el futuro, pues hay que haber recorrido dos largos caminos y transformado estructuras para que el que ha causado los daños y el que los ha sufrido lleguen al encuentro de reconciliación.  Pero, aún sin haber llegado, hay ya desde el futuro un horizonte de reconciliación abierto u oculto hacia el que unos ya se encaminan y otros aún no. 

Mirando hacia atrás hay que recordar los desastres del terrorismo y la guerra en el pasado, para evitar que se puedan repetir jamás, luchar contra la impunidad y por una justicia democrática, reconocer y reparar en la medida de lo posible los daños y restaurar la dignidad de personas injustamente deshonradas. Pero ese recuerdo, por así decir en mayúsculas, debe de ir acompañado del recuerdo, en minúsculas, de semillas de reconciliación. 

Porque mirando hacia atrás, en el pasado, surgen en el recuerdo unas manos que, rompiendo la indiferencia de la vida estrecha y a veces incluso las leyes de hostilidad del propio bando, se echaron a alguien, incluso a un extraño o del bando contrario en momentos de necesidad o de peligro, que le supuso una ayuda decisiva, incluso que le salvó la vida, o le alentó y abrazó en medio del horror.  Eso son las semillas de reconciliación, Algo que sabemos bien nosotros y que es parte de lo que Pilar Manjón llama el “Recuerdo bonito”, como dice Pilar, y que plasmamos en la exposición “Trazos y Puntadas para el Recuerdo”.

Las semillas de reconciliación tienden a quedar ocultas y olvidadas, porque la cultura de guerra suele dominar la comunicación y prohíbe expresar públicamente una gratitud o un reconocimiento y menos hacia alguien del bando contrario.  La cultura de paz es sin embargo subyacente e impregna a los más cercanos de forma que atesoran el recuerdo de aquella ayuda que se hizo en vez de mirar para otro lado, pasando incluso de una generación a otra.

La reconciliación supera los lastres del pasado, en ese sentido vale la afirmación de que cierra el pasado. Pero cierra el pasado mostrando la verdad de los daños y de las semillas de reconciliación que abren el futuro.

Tres tapices de la colección de la asociación 11M de afectados del terrorismo

D) Imagen de enemigo

Para hacer la guerra, actos terroristas y ejercer la violencia hacen falta armas, pero no bastan. Hace falta otra cosa. Tanto como las armas, hace falta el blanco contra el que dispararlas.  Ese blanco es lo que se llama “imagen de enemigo”. En paralelo a la producción material de armas hay también una producción cultural de imágenes de enemigo.

Por eso hay dos industrias, la producción de armas, que han de usar los soldados, una industria material, y la producción del blanco que es una industria cultural, de la que se encarga a muchos medios de comunicación y que también exige enormes inversiones.   

Para matar hay que matar dos veces, el cuerpo a tiros y la persona tapándola con el blanco con la imagen de enemigo. Antes de disparar se pone el blanco y antes de matar al cuerpo, se tapa la cara del ser humano con la imagen de enemigo que le condena, le hace, además de peligroso, desechable, sin nada humano dentro.  

El enemigo que nos ponemos de blanco se fabrica con tres medidas:

Se coge a una persona, a un grupo, a un pueblo, a una nación y se le hacen dos añadidos:

1.- Se agranda su capacidad de hacernos daño

2.- Se agranda su voluntad de dañarnos 

Es decir, se le ponen cuernos y rabo.

Y al ponerle esas dos cosas, se le quita otra

3.- Se le vacía su humanidad, 

4.- Hay sin embargo que añadir aquí una cuarta cosa: Con las tres anteriores vemos al enemigo por medio de una imagen que lo vacía y exagera.  Pero eso no quiere decir que sea del todo falsa esa imagen, puede tener un núcleo de verdad, de una verdad incluso terrible y eso lo sabemos más que de sobra. A la hora de buscar lo humano que se esconde bajo la imagen del enemigo no podemos olvidar ni dejar de lado lo inhumano que nos ha hecho y se ha hecho a si mismo el enemigo.  Ese núcleo de verdad exige defensa, resistencia, enfrentamiento, justicia y la seguridad del “nunca más”.

Paz de vida e imagen de enemigo

Los procesos que genera la Paz de vida, el tejido de hebras que ligan lo humano con lo humano formando una comunidad conjuntada y abierta, se contraponen a las dinámicas que promueve la imagen de enemigo.

Frente a la deshumanización, que tapa lo humano de la Imagen de Enemigo, la Paz de Vida busca lo humano, busca la grieta en el comportamiento y la actitud del contrario por donde acceder a lo humano en él. Mientras que la Imagen de enemigo mueve a eliminar, desechar, alejar al contrario en nombre de la violencia que se ha adueñado de él y él mismo ejerce, la Paz de Vida busca integrarlo por medio de la superación de esa violencia haciéndole ver y reconocer sus efectos en nombre de lo humano que tiene dentro, aunque él mismo insista en negarlo.

Juan Gutiérrez

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